El censo de 2025 sitúa al lince ibérico en su cifra más alta desde que hay registros, con 2.663 ejemplares en España y Portugal. Repasamos la recuperación, la llegada a nuevos territorios y el reto pendiente de las carreteras.
Hubo un tiempo, no tan lejano, en el que el lince ibérico parecía condenado a desaparecer para siempre de nuestros montes. Este felino de orejas puntiagudas y mirada serena llegó a ser uno de los animales más amenazados de todo el planeta. Sin embargo, su historia ha dado un giro que muy pocos se habrían atrevido a imaginar hace apenas dos décadas.
En este artículo vamos a repasar con calma los últimos datos sobre su recuperación, unas cifras que invitan al optimismo sin olvidar los desafíos que todavía quedan por delante. Veremos cuántos ejemplares hay ahora mismo, cómo se están extendiendo por la península y qué amenazas siguen pesando sobre ellos. Acompáñame en este recorrido.
Una cifra histórica
Comencemos por el dato que ha llenado de alegría al mundo de la conservación en nuestro país durante los últimos meses. Según la información disponible, el censo correspondiente a 2025 contabilizó un total de 2.663 ejemplares de lince ibérico en España y Portugal, la cifra más elevada desde que existen registros coordinados de seguimiento.
Ese número no solo es alto, sino que además mantiene una tendencia claramente ascendente año tras año. Según la información disponible, la población creció un 10,9 por ciento respecto al censo del año anterior, lo que confirma que la recuperación no es un simple espejismo puntual, sino un proceso sostenido y firme a lo largo del tiempo.
De menos de cien a más de dos mil seiscientos
Para entender bien la magnitud de este logro conviene mirar unos cuantos años atrás y comparar las cifras con calma. Según la información disponible, en el año 2002 apenas se censaban menos de 100 ejemplares en toda la península, de modo que la distancia recorrida hasta los 2.663 actuales resulta sencillamente extraordinaria.
El ritmo de crecimiento en los últimos años también ha sido muy notable y realmente esperanzador. Según la información disponible, en 2021 la población total rondaba los 1.365 linces, por lo que en apenas cuatro años se ha logrado un incremento cercano al 95 por ciento, fruto de más de dos décadas de trabajo conjunto entre España y Portugal.
Más hembras y más cachorros

Detrás de cada cifra global se esconden los verdaderos motores de esta recuperación, que no son otros que las hembras reproductoras. Según la información disponible, en el último censo se contabilizaron 542 hembras territoriales, unas 72 más que el año anterior, un aumento que resulta absolutamente decisivo para asegurar el futuro de la especie.
El resultado de esa mayor presencia de hembras se traduce de forma directa en nuevas camadas repartidas por el territorio. Según la información disponible, esas hembras sacaron adelante un total de 952 cachorros, con una media aproximada de 1,75 crías por cada hembra reproductora, un dato que dibuja una base sólida de cara a los próximos años.
El lince conquista nuevos territorios
La buena noticia no se limita al número de animales, sino también al espacio que ocupan sobre el mapa de la península. Según la información disponible, actualmente se han registrado 18 poblaciones distintas, lo que refleja que el felino se está asentando en zonas cada vez más variadas y alejadas entre sí que antes le eran ajenas.
Además, la especie está dejando de estar confinada únicamente a sus antiguos refugios del sur peninsular. Según la información disponible, durante 2026 se han liberado los primeros ejemplares en el valle del Ebro, en el entorno del río Huerva, después de que en 2025 arrancaran también los trabajos en la comarca del Cerrato, en Palencia.
La sombra de las carreteras
Ahora bien, no todo son buenas noticias, y sería un error contar solamente la parte más amable de toda esta historia. Según la información disponible, a lo largo de 2025 se registraron 273 muertes de lince ibérico, una cifra que recuerda que la especie sigue siendo frágil pese a los evidentes avances logrados en su recuperación.
El origen de la mayoría de esas pérdidas apunta a un problema muy concreto y bastante persistente en el tiempo. Según la información disponible, 212 de esos fallecimientos, equivalentes al 77,9 por ciento del total, se debieron a atropellos en las infraestructuras viarias, lo que convierte a las carreteras en el principal desafío pendiente para la conservación.
Un reto que todavía continúa
Con todo, los expertos mantienen la vista puesta en una meta muy concreta que marcaría un antes y un después para la especie. Según la información disponible, el objetivo técnico a largo plazo se sitúa en alcanzar unas 750 hembras reproductoras para poder hablar de un estado de conservación realmente favorable, una cifra que cada año se ve un poco más cerca.
En definitiva, la historia del lince ibérico demuestra que, cuando se combinan la ciencia, la paciencia y la voluntad de varios países, incluso las situaciones más desesperadas pueden llegar a revertirse. Queda camino por delante y las carreteras siguen siendo una herida abierta, pero pocas veces la naturaleza nos había regalado un motivo tan claro para la esperanza.
lince ibérico: mejor tratado que en otros sitios.
Aprendí mucho sobre lince ibérico aquí.